lunes, 9 de abril de 2007

FRAGMENTOS BRILLANTES

Diversos estudios (vrg. Wilson, 1983; 1994; 1996), apuntan que el carácter de un individuo se forma a partir de una serie de elementos entre los que se encuentran la opinión general, las expectativas de vecindad, el sentido de pertenencia a una comunidad, el control social informal, en definitiva, por el ethos de una comunidad. Cuando este entramado de relaciones se degrada, es dable esperar que las conductas de los individuos que se socializan en este medio degradado sigan el mismo camino.

De esta manera, el tejido social o la comunidad opera como una doble forma de contención del individuo: por un lado, lo alberga y lo hace sentir protegido. Por otro, le pauta las conductas al impulsarlo a realizar ciertas prácticas y omitir otras. Dicho en otros términos, lo socializa inculcando determinadas pautas, valores y percepciones comunes. Por el contrario, cuando los lazos sociales se debilitan y la fragmentación social emerge, las personas se desinteresan por sus semejantes y las normas pierden su capacidad reguladora en la práctica. Sin la contención y las limitaciones que impone lo social, el individuo carece de “control social informal”, de modo que los incentivos que reciba para adoptar comportamientos antisociales no se toparán con ninguna barrera de contención. En este contexto aumenta las probabilidades de adoptar actitudes que atenten contra la vida humana, tanto en la propia como la de otros.

De acuerdo a esta perspectiva, el incremento del crimen no es más que la continuación de la indiferencia hacia las normas en otros niveles más graves. La ausencia de reprobación y castigo - aunque sea solamente social- en los casos mencionados va minando la convivencia y generando la supervivencia del más fuerte. En esta línea de pensamiento, cuando el Estado no atribuye una clara prioridad al factor social, contribuye a la marginación de los sectores más bajos librados a su propia suerte, lo cual, combinado con elevados niveles de delincuencia, violencia personal y una justicia imprevisible o contradictoria da origen a lo que se denomina el “síndrome de ilegalidad”.

Alfredo Moffat: "El trabajo debe brindar una identidad"

Reportaje de Silvia Ele (pseudónimo de Silvia Lisnofsky, autora de la serie de artículos sobre Trabajo Independiente,en este mismo site)

Alfredo Moffat

Alfredo Moffatt, psicólogo social, fue discípulo personal de Enrique Pichon Riviere. Es autor, entre otros libros, de Psicoterapia del oprimido, usado como texto en numerosas universidades latinoamericanas. Es creador, además, de experiencias terapéuticas alternativas con décadas de trayectoria, y de su propia Escuela de Psicología Nacional. Buceador incansable en los temas de la locura, la pobreza y la realidad humana, en esta entrevista exclusiva con Ser Humano y Trabajo ofrece su particular visión, por momentos mordaz, del mundo laboral.

¿Cómo podemos introducirnos en la cuestión del trabajo desde la psicología?

Freud decía que la familia y el trabajo son los dos pilares de la existencia y del desarrollo de la vida. O sea que el amor y el trabajo son las dos tareas que permiten desarrollar la vida en un sentido positivo. Por lo tanto, el trabajo debe ser un trabajo que personalice. Ya sea a un ejecutivo o a un peón de granja. Y cuanto más agradable le sea el trabajo, más rendirá en él. Es decir, cuanto más sirva ese rol profesional para consolidar su identidad, mejor lo desempeñará. Porque una parte importante de la identidad es lo que yo hago: soy colectivero, o carnicero, o ingeniero. Eso es lo que me sostiene y me recorta del resto. También me da una pertenencia a una corporación. Entonces me ayuda a explicar qué soy en la vida, respecto de los demás, y cuál es mi destino. Por eso es importante que el trabajo tenga una capacidad de individuación, de brindar una identidad.

¿Cómo se articula la cuestión del dinero con el trabajo?

Los trabajos que brindan un alto nivel de gratificación son los peor pagados, porque ya se pagan con la gratificación. Por ejemplo, un médico gana muy poco en un hospital, pero su tarea es altruista y esto le da un sentido a su vida y también le da prestigio. En cambio, un trabajo con el mismo esfuerzo, pero alienante, o rutinario, hay que pagarlo mucho más.

¿Podría aclararnos un poco más el concepto de identidad?

Identidad es lo que uno es. Uno es hombre, morocho, gordo, de origen italiano, que vive en Lanús y que, fundamentalmente, es colectivero. Además es padre, es esposo de, es el hijo de. Es decir, está inserto en una trama que lo sostiene. Por eso, frente al exilio, o a una gran pérdida, o al desempleo, siente que pierde identidad. No sabe cómo organizar el proyecto de vida.

¿Qué sucede en el caso de los ejecutivos que construyen su vida centrada en sus logros laborales-profesionales?

En algunos casos (no en todos, no hagamos generalizaciones odiosas) han diseñado un gran proyecto de vida, muy ambicioso a veces. Y luego de recibirse trabajan mucho, consiguen el departamento, el chalet en el country, una esposa, una amante, y todo eso. Pero cuando tienen todo lo que habían proyectado tener, en muchos casos, se les produce lo que se conoce como la “crisis de la mitad de la vida”. Que básicamente es una crisis existencial. Y que, también, en muchos casos, se supera cuando se pueden rescatar las fantasías adolescentes, aquellas que quedaron sin realizar, que casualmente no son las que se refieren a logros materiales. Más bien son las que se refieren a ser útiles a los demás, tener actitudes solidarias, pensar en el arte, o en la trascendencia o realizar estudios que fueron postergados por poco rentables, pero que constituían su verdadera vocación.

¿Por qué, en muchos casos, el dinero no compensa al punto de que se produce la crisis, con su consiguiente desequilibrio familiar, social, y personal?

El trabajo debe ser un valor en sí mismo, no por el dinero que dé. Por ejemplo, un médico muy prestigiado socialmente puede prescindir de ciertas adquisiciones porque lo compensa el respeto que recibe de la gente. Lo que más necesitamos es el respeto de los otros. Necesitamos ser valorados, admirados. El dinero nos brinda un remedo de eso. O bien la profesión nos permite ser respetados por los otros. La Madre Teresa de Calcuta debía sentirse como millonaria, ya que tenía muy halagado su narcisismo básico. Entonces el gran planteo respecto del trabajo es: ¿qué gratificación me da?, y además, ¿qué imagen mía da ante la sociedad?

¿Por qué este tipo de crisis se hizo más generalizada en las últimas décadas del milenio pasado?

Antes, un ejecutivo, que era un empresario, o era el jefe, o el director, o el dueño de una empresa que tenía una larga trayectoria (a veces familiar), que era como un padre para sus empleados, tenía, además de la ganancia material, una imagen que le daba un sostén psicológico. Ahora, con las multinacionales, que tienen personas con alta calificación profesional, pero son parte de una maquinaria enorme, donde no obtienen la gratificación del respeto de la comunidad a la cual manejan, la única satisfacción es la que proviene del dinero. Necesitan entonces comprar y comprar, para compensar la falta de reconocimiento público. Las empresas japonesas –creo, no lo vi porque hasta allí no llegué–, son distintas en ese sentido. Tienen una organización más tradicional. El que trabaja en la empresa, forma parte de ella y participa de su prestigio.

¿Cuál sería un perfil aproximado de un ejecutivo en el modelo actual?

Basta ver los aviso de pedidos de personal de ese nivel. Un ejecutivo tiene que ser, en la empresa actual, "joven agresivo, con ambición", y faltaría que dijera "despiadado". Dan una imagen de un psicópata peligroso. Esto ya hace una preselección. Así, la gente más sensible, humanitaria, depresiva, no califica. Y sí lo hace la gente que se centra más en la acción y en la mística de la ganancia (porque de alguna manera también es una mística). Además, este tipo de cualidades son incentivadas en los jóvenes ya que, por lo visto, son cualidades solicitadas y que proporcionan ventajas en el terreno laboral.

¿Cómo es que suele caer en una crisis un individuo que es envidiado por su poder, por sus bienes, por su posición?

Al ejecutivo, por un lado, se le puede envidiar sus logros materiales. Pero, por otro, tiene un lado débil, que es el de la angustia existencial. Es una de la angustias más profundas del hombre. Tiene que ver con el amor, con el reconocimiento del otro, con que el otro lo mire, lo acepte y lo valore. Cuando el ejecutivo que ha juntado muchos miles de dólares se queda solo y toma un billete de 100 dólares y lo mira a Benjamín Franklin para ver si lo reconoce, se da cuenta de que el gordito lo mira de costado y sobrador. Lo cual no es de mucha ayuda en una depresión existencial, y es entonces donde se viene a pique su seguridad en el mundo.

¿Y entonces qué puede pasar?

Y, allí es donde puede caer en manos de algún psicoanalista deshonesto que le saca mucho dinero, y lo engaña convenciéndolo de que el sexo y el dinero son las dos cosas que le dan sentido a la vida.

Llegamos a un tema crucial: los humoristas suelen bromear a menudo con la cuestión de la vida sexual del ejecutivo, sobre todo con las quejas de sus esposas respecto de la escasa atención que reciben.

El sexo es muy importante, pero no con su esposa. Porque en general, la “bruja” le sirve sólo para ascender, le sirve de escalera para conseguir el dinero que le permitirá obtener a todas las mujeres glamorosas y jóvenes que andan por allí revoloteando a su vera, atraídas por ese dinero. La familia es su fachada, la imagen para vender. Pero el sexo está en lo trasgresor, en las otras. Y si aparece alguna que se enamora de verdad, ella pierde. A menos que por algún costado humano que todavía no tiene aniquilado, él también se enamore, y entonces allí sí pierde él. Pierde su familia, su situación en la empresa y su imagen se deterioran, y puede perder lo que logró.

¿Cómo suele manejar sus relaciones interpersonales dentro del trabajo?

En su relación con sus subordinados, el ejecutivo no tiene que ser brutal, porque ya no se usa. Tiene que practicar una seducción amable, pero despiadada en el fondo, en la que lo convence de que obligarlo a trabajar 16 horas diarias es una manera de ayudarlo a triunfar en la vida.

¿Y cómo termina, en general, o se resuelve, una crisis?

Cuando llega a la crisis en la que entra en conflicto con su vida actual, es porque ya se comió todas las zanahorias que él mismo se había fabricado y necesita otras. Que a veces no son de la misma naturaleza. Pasa de la necesidad de poseer objetos a la de poseer conocimientos, amor, o sentimientos nuevos o postergados. Siempre detrás de un ejecutivo triunfante está la posibilidad de un converso. Muchas veces le sucede al ejecutivo exitoso que, de pronto, un día, hace un insight y se encuentra con que no le gusta lo que es o lo que tiene o lo que hace. El surgimiento de un sentimiento de amor hacia la gente, o una necesidad repentina de amor, pueden producir un vuelco. Pensemos que su posición no es fácil. Como todo el que tiene dinero, está siempre en la duda espantosa: "¿Me quieren a mí por mí, o por mi dinero?". Lo cual es también una desgracia.

Supongamos que produce el giro positivo necesario. ¿Puede seguir en su función de antes sin conflictos paralizadores, o destructores?

Puede, entonces, generar un cambio en su conducta, humanizándose y sensibilizándose, sin que esto sea incompatible con su condición general. No tiene que dejar de ser lo que es. De hecho, muchas empresas se humanizan cambiando su concepción, modificando su actitud respecto de sus empleados o de sus consumidores, pero hasta cierto punto. No olvidemos que el empresario, o el ejecutivo, no tienen absoluta independencia en este sentido. Están presos de una maquinaria ideológica, que se llama "las multinacionales", en las que su función es lograr el máximo beneficio aunque para ello deba transgredir cualquier código moral. Si no lo hace, se considera que bajó su rendimiento y puede ser despedido o rebajado de posición. Sobre todo porque siempre hay otros atrás que prometen cumplir mejor la función que él. Las multinacionales suelen ser instituciones muy abstractas, a las cuales les interesa sólo la mayor ganancia, y no registran que cuanto mayor sea su beneficio, más niños mueren de hambre en el mundo, por ejemplo. Por supuesto, son muy fuertes, y el ejecutivo no es dueño de cambiar las cosas porque ni bien se le caiga una lágrima, la va a pisar, va a resbalar y va a caer, empujado por los que vienen de atrás, tratando de ocupar su lugar.

¿Hay algún mensaje de esperanza que pueda dejarnos acerca de ésto?

Creo que el ser humano en algún momento alcanzará el equilibrio que le permita lucrar sin explotar, mandar sin someter, ser eficiente y al mismo tiempo solidario. Posiblemente eso llegue el día en que pueda comprobar que de ello obtendrá más beneficio (moral, afectivo, social y de identificación positiva).

¿Cómo podemos introducirnos en la cuestión del trabajo desde la psicología?

Freud decía que la familia y el trabajo son los dos pilares de la existencia y del desarrollo de la vida. O sea que el amor y el trabajo son las dos tareas que permiten desarrollar la vida en un sentido positivo. Por lo tanto, el trabajo debe ser un trabajo que personalice. Ya sea a un ejecutivo o a un peón de granja. Y cuanto más agradable le sea el trabajo, más rendirá en él. Es decir, cuanto más sirva ese rol profesional para consolidar su identidad, mejor lo desempeñará. Porque una parte importante de la identidad es lo que yo hago: soy colectivero, o carnicero, o ingeniero. Eso es lo que me sostiene y me recorta del resto. También me da una pertenencia a una corporación. Entonces me ayuda a explicar qué soy en la vida, respecto de los demás, y cuál es mi destino. Por eso es importante que el trabajo tenga una capacidad de individuación, de brindar una identidad.

¿Cómo se articula la cuestión del dinero con el trabajo?

Los trabajos que brindan un alto nivel de gratificación son los peor pagados, porque ya se pagan con la gratificación. Por ejemplo, un médico gana muy poco en un hospital, pero su tarea es altruista y esto le da un sentido a su vida y también le da prestigio. En cambio, un trabajo con el mismo esfuerzo, pero alienante, o rutinario, hay que pagarlo mucho más.

¿Podría aclararnos un poco más el concepto de identidad?

Identidad es lo que uno es. Uno es hombre, morocho, gordo, de origen italiano, que vive en Lanús y que, fundamentalmente, es colectivero. Además es padre, es esposo de, es el hijo de. Es decir, está inserto en una trama que lo sostiene. Por eso, frente al exilio, o a una gran pérdida, o al desempleo, siente que pierde identidad. No sabe cómo organizar el proyecto de vida.

¿Qué sucede en el caso de los ejecutivos que construyen su vida centrada en sus logros laborales-profesionales?

En algunos casos (no en todos, no hagamos generalizaciones odiosas) han diseñado un gran proyecto de vida, muy ambicioso a veces. Y luego de recibirse trabajan mucho, consiguen el departamento, el chalet en el country, una esposa, una amante, y todo eso. Pero cuando tienen todo lo que habían proyectado tener, en muchos casos, se les produce lo que se conoce como la “crisis de la mitad de la vida”. Que básicamente es una crisis existencial. Y que, también, en muchos casos, se supera cuando se pueden rescatar las fantasías adolescentes, aquellas que quedaron sin realizar, que casualmente no son las que se refieren a logros materiales. Más bien son las que se refieren a ser útiles a los demás, tener actitudes solidarias, pensar en el arte, o en la trascendencia o realizar estudios que fueron postergados por poco rentables, pero que constituían su verdadera vocación.

¿Por qué, en muchos casos, el dinero no compensa al punto de que se produce la crisis, con su consiguiente desequilibrio familiar, social, y personal?

El trabajo debe ser un valor en sí mismo, no por el dinero que dé. Por ejemplo, un médico muy prestigiado socialmente puede prescindir de ciertas adquisiciones porque lo compensa el respeto que recibe de la gente. Lo que más necesitamos es el respeto de los otros. Necesitamos ser valorados, admirados. El dinero nos brinda un remedo de eso. O bien la profesión nos permite ser respetados por los otros. La Madre Teresa de Calcuta debía sentirse como millonaria, ya que tenía muy halagado su narcisismo básico. Entonces el gran planteo respecto del trabajo es: ¿qué gratificación me da?, y además, ¿qué imagen mía da ante la sociedad?

¿Por qué este tipo de crisis se hizo más generalizada en las últimas décadas del milenio pasado?

Antes, un ejecutivo, que era un empresario, o era el jefe, o el director, o el dueño de una empresa que tenía una larga trayectoria (a veces familiar), que era como un padre para sus empleados, tenía, además de la ganancia material, una imagen que le daba un sostén psicológico. Ahora, con las multinacionales, que tienen personas con alta calificación profesional, pero son parte de una maquinaria enorme, donde no obtienen la gratificación del respeto de la comunidad a la cual manejan, la única satisfacción es la que proviene del dinero. Necesitan entonces comprar y comprar, para compensar la falta de reconocimiento público. Las empresas japonesas –creo, no lo vi porque hasta allí no llegué–, son distintas en ese sentido. Tienen una organización más tradicional. El que trabaja en la empresa, forma parte de ella y participa de su prestigio.

¿Cuál sería un perfil aproximado de un ejecutivo en el modelo actual?

Basta ver los aviso de pedidos de personal de ese nivel. Un ejecutivo tiene que ser, en la empresa actual, "joven agresivo, con ambición", y faltaría que dijera "despiadado". Dan una imagen de un psicópata peligroso. Esto ya hace una preselección. Así, la gente más sensible, humanitaria, depresiva, no califica. Y sí lo hace la gente que se centra más en la acción y en la mística de la ganancia (porque de alguna manera también es una mística). Además, este tipo de cualidades son incentivadas en los jóvenes ya que, por lo visto, son cualidades solicitadas y que proporcionan ventajas en el terreno laboral.

¿Cómo es que suele caer en una crisis un individuo que es envidiado por su poder, por sus bienes, por su posición?

Al ejecutivo, por un lado, se le puede envidiar sus logros materiales. Pero, por otro, tiene un lado débil, que es el de la angustia existencial. Es una de la angustias más profundas del hombre. Tiene que ver con el amor, con el reconocimiento del otro, con que el otro lo mire, lo acepte y lo valore. Cuando el ejecutivo que ha juntado muchos miles de dólares se queda solo y toma un billete de 100 dólares y lo mira a Benjamín Franklin para ver si lo reconoce, se da cuenta de que el gordito lo mira de costado y sobrador. Lo cual no es de mucha ayuda en una depresión existencial, y es entonces donde se viene a pique su seguridad en el mundo.

¿Y entonces qué puede pasar?

Y, allí es donde puede caer en manos de algún psicoanalista deshonesto que le saca mucho dinero, y lo engaña convenciéndolo de que el sexo y el dinero son las dos cosas que le dan sentido a la vida.

Llegamos a un tema crucial: los humoristas suelen bromear a menudo con la cuestión de la vida sexual del ejecutivo, sobre todo con las quejas de sus esposas respecto de la escasa atención que reciben.

El sexo es muy importante, pero no con su esposa. Porque en general, la “bruja” le sirve sólo para ascender, le sirve de escalera para conseguir el dinero que le permitirá obtener a todas las mujeres glamorosas y jóvenes que andan por allí revoloteando a su vera, atraídas por ese dinero. La familia es su fachada, la imagen para vender. Pero el sexo está en lo trasgresor, en las otras. Y si aparece alguna que se enamora de verdad, ella pierde. A menos que por algún costado humano que todavía no tiene aniquilado, él también se enamore, y entonces allí sí pierde él. Pierde su familia, su situación en la empresa y su imagen se deterioran, y puede perder lo que logró.

¿Cómo suele manejar sus relaciones interpersonales dentro del trabajo?

En su relación con sus subordinados, el ejecutivo no tiene que ser brutal, porque ya no se usa. Tiene que practicar una seducción amable, pero despiadada en el fondo, en la que lo convence de que obligarlo a trabajar 16 horas diarias es una manera de ayudarlo a triunfar en la vida.

¿Y cómo termina, en general, o se resuelve, una crisis?

Cuando llega a la crisis en la que entra en conflicto con su vida actual, es porque ya se comió todas las zanahorias que él mismo se había fabricado y necesita otras. Que a veces no son de la misma naturaleza. Pasa de la necesidad de poseer objetos a la de poseer conocimientos, amor, o sentimientos nuevos o postergados. Siempre detrás de un ejecutivo triunfante está la posibilidad de un converso. Muchas veces le sucede al ejecutivo exitoso que, de pronto, un día, hace un insight y se encuentra con que no le gusta lo que es o lo que tiene o lo que hace. El surgimiento de un sentimiento de amor hacia la gente, o una necesidad repentina de amor, pueden producir un vuelco. Pensemos que su posición no es fácil. Como todo el que tiene dinero, está siempre en la duda espantosa: "¿Me quieren a mí por mí, o por mi dinero?". Lo cual es también una desgracia.

Supongamos que produce el giro positivo necesario. ¿Puede seguir en su función de antes sin conflictos paralizadores, o destructores?

Puede, entonces, generar un cambio en su conducta, humanizándose y sensibilizándose, sin que esto sea incompatible con su condición general. No tiene que dejar de ser lo que es. De hecho, muchas empresas se humanizan cambiando su concepción, modificando su actitud respecto de sus empleados o de sus consumidores, pero hasta cierto punto. No olvidemos que el empresario, o el ejecutivo, no tienen absoluta independencia en este sentido. Están presos de una maquinaria ideológica, que se llama "las multinacionales", en las que su función es lograr el máximo beneficio aunque para ello deba transgredir cualquier código moral. Si no lo hace, se considera que bajó su rendimiento y puede ser despedido o rebajado de posición. Sobre todo porque siempre hay otros atrás que prometen cumplir mejor la función que él. Las multinacionales suelen ser instituciones muy abstractas, a las cuales les interesa sólo la mayor ganancia, y no registran que cuanto mayor sea su beneficio, más niños mueren de hambre en el mundo, por ejemplo. Por supuesto, son muy fuertes, y el ejecutivo no es dueño de cambiar las cosas porque ni bien se le caiga una lágrima, la va a pisar, va a resbalar y va a caer, empujado por los que vienen de atrás, tratando de ocupar su lugar.

¿Hay algún mensaje de esperanza que pueda dejarnos acerca de ésto?

Creo que el ser humano en algún momento alcanzará el equilibrio que le permita lucrar sin explotar, mandar sin someter, ser eficiente y al mismo tiempo solidario. Posiblemente eso llegue el día en que pueda comprobar que de ello obtendrá más beneficio (moral, afectivo, social y de identificación positiva).

Manifestaciones de la violencia

Francisco A. Muñoz

Beatriz Molina Rueda

Violencia es una acción ejercida por una o varias personas, en donde se fomente de manera intencional al maltrato, presión, sufrimiento, manipulación u otra acción que atente contra la integridad tanto física como psicológica y moral de cualquier persona o grupo social.

Son tan múltiples las manifestaciones, características y participantes, que la violencia ha logrado un sitial importante en la atención de distintos especialistas, como sociólogos, sicólogos, y filósofos, y por consiguiente el esfuerzo mantenido en su investigación para aclarar sus causas y efectos.

El desenvolvimiento de las distintas sociedades, no ha sabido manejar la violencia. La agudización de las desigualdades económicas y políticas han funcionado como trampolín de esta, al verse incrementada la inequidad de los recursos, lo que se refleja en ira y depresión, sentimientos que mal manejados se transforman en violencia. También son considerados como violencia: maltrato, sufrimiento físico y mental, manipulación, exclusión social, crítica destructiva, desprecio, abandono, insultos, entre otros.

domingo, 8 de abril de 2007

Década del 90 y relaciones internacionales de mercado:

Por Juan Francisco Venturino.


Gran parte de la historia de Sudamérica esta vinculada a Estados Unidos. La presencia de la potencia en la región, ha sido permanente y la etapa que caracterice a la potencia globalmente resulta decisiva para su relación con la región en el ámbito internacional.

Durante los `90 América del Sur adoptó reformas en sintonía con el Consenso de Washington, las relaciones internacionales pasaban así a ser relaciones de mercado donde primaban los intereses económicos por sobre las cuestiones internacionales de “alta política”. Es lo que Tokatlían[1] llama rehegemonización. En esta rehegemoniza-ción creció la influencia de EE.UU. a través de un dominio más flexible, mientras decrecía el interés estratégico por la región sudamericana. Su bajo desempeño económico y su inestabilidad política hizo que disminuyera el interés de las potencias industriales convirtiéndose de esta forma en un actor internacional con escasas capacidades de diversificación y limitados espacios de proyección: habían desaparecido las alternativas viables de inserción internacional lo que hizo funcional la reconfirmación de su dependencia frente a EE.UU.[2]

En los ´90, la liberalización económica fue presentada al mundo en desarrollo como la respuesta a estrategias ineficientes asociadas a la protección comercial y como una forma de aprovechar plenamente las oportunidades que ofrecía la globalización. Casi todos los países adoptaron reformas que lograron controlar la inflación, vendiendo empresas estatales, reduciendo aranceles, y abriendo los mercados de capitales reformando el sistema tributario y disminuyendo déficit públicos a la espera de altas tasas de crecimiento. Sin embargo las tasas de crecimiento en lugar de acelerarse declinaron, en Sudamérica, la región donde más se había avanzado en el proceso de reformas, el crecimiento de los ´90 fue tan sólo de un 3,2% anual. Es probable que la crisis asiática haya sido el peor revés de la economía de mercado dejando como enseñanza que la liberalización financiera puede ser fuente de profunda inestabilidad macro-económica cuando no está acompañada de un marco institucional apropiado.[3]

El mundo de la post Guerra Fría se perfilaba como un “nuevo orden” regido por las relaciones internacionales de mercado que obligó a los países a revisar sus patrones de inserción internacional. Mientras los Estados reducían su capacidad política aparecían nuevos actores con poder. En este marco de pensamiento neoliberal las regulaciones gubernamentales se debilitaron.

La renegociación de la deuda externa y las condicionamientos establecidos por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, tales como la reducción del Estado mediante la privatización, desregulación y reforma institucional, así como el mantenimiento de un régimen de tasas fijas o semi-fijas de cambio (en general sobrevalorizado) acrecentaron la vulnerabilidad externa de los países sudamericanos. Los Estados perdieron capacidad de negociación y de regulación de las economías nacionales. Es decir el término “dependencia” en boga en los ‘70, adquirió en los ¨90 más relevancia que nunca.

Retrospectivamente, pueden apreciarse los efectos contradictorios de esta apertura al mercado financiero internacional. Por una parte, la afluencia de capitales extranjeros, cuando se trata de inversiones extranjeras directas, contribuye a la formación de nuevas capacidades de producción, que incorporan los últimos avances de la tecnología, ya que el objetivo de las transnacionales, en el decenio del `90, es el de establecerse en algunos países de base productiva que les asegure la competitividad en el plano internacional. Esta estrategia se contrapone punto por punto con la que propendía a la sustitución de importaciones. Si las condiciones macroeconómicas son suficientemente estables y la afluencia de capitales se prolonga por un periodo cercano al decenio, cabe concebir que el aumento de las exportaciones permitiría a la larga saldar la deuda externa. Pero hay otros efectos que pueden presentarse como la inflación de los precios de los activos, la caída en la tasa de ahorro, y los desplazamientos de la producción de exportaciones hacia el mercado interno que provocan un circulo vicioso, que tiende a oponerse a la espiral virtuosa que preveía la aplicación de la liberalización financiera. Sin embargo, la liberalización financiera provocó en varios países, profundas crisis. Poniendo en duda las estrategias y los planes de ajuste del Fondo Monetario Internacional, que se fundamentan en una idea simple: “el mismo modelo, la misma crisis, la misma terapia para todos”. La historia económica y financiera enseñan que las crisis económicas se suceden pero no se parecen ya que las reformas institucionales con que se busca recuperarlas dan vida a nuevas formas de reglamentación, susceptibles a su vez de crear una crisis estructural de nuevo cuño. [4]

El llamado consenso de Washington generado por los funcionarios económicos estadounidenses del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial aseguró su éxito como doctrina intelectual basándose en su simplicidad, las políticas recomendadas podían ser administradas por los economistas utilizando poco más que simples marcos contables. Unos pocos indicadores económicos (inflación, crecimiento de la oferta de dinero, tasas de interés, déficit presupuestario y comercial) podían servir para fijar una serie de recomendaciones de política. De hecho, los economistas podían tomar un avión, llegar a un país, mirar e intentar verificar estos datos y hacer recomendaciones macroeconómicas para reformar las políticas, todo ello en un par de semanas. La receta más importante del paquete de medidas de estabilización propuesto por el consenso de Washington probablemente haya sido el control de la inflación bajo la creencia de que la inflación es costosa y debe ser eliminada.


Hacia un desarrollo más sostenido y equilibrado. Convergencia Sudamericana ¿sueño o posibilidad?

La liberalización económica fue presentada al mundo en desarrollo como la respuesta de estrategias ineficientes asociadas a la protección comercial. Representó un cambio significativo a las estrategias de desarrollo que durante varias décadas exigieron una extendida intervención del Estado para las “industrializaciones tardías”. En la actualidad la liberalización financiera puede ser vista como una fuente profunda de inestabilidad económica, si no viene acompañada de un marco institucional apropiado. América latina fue la región donde más se avanzó en el proceso de reformas y registra niveles inferiores de actividad económica a la existente antes de la aplicación de las medidas de apertura. Las tensiones distributivas son agudas, las disparidades de ingreso entre los países desarrollados y los menos desarrollados se acentuaron, el 57% de la población mundial vive en países cuya distribución se ha deteriorado frente a sólo el 16% en aquellos en que a mejorado.

La privatización de empresas públicas implicó considerables pérdidas de puestos de trabajo; la apertura del mercado interno a las importaciones arruinó a un enorme abanico de pequeñas y medianas empresas; la desregulación facilitó la concentración-desnacionalización empresaria y se acentuaron estructuras fiscales regresivas: más impuestos sobre el consumo y menos sobre los beneficios de los grandes grupos, etc. Todo ello acentuó la desestructuración de los tejidos sociales que ya habían sufrido importantes deterioros en los años ´70.

Estos hechos y el descontento provocaron un debate positivo que seguramente enriquecerá la agenda del desarrollo, haciendo hincapié en un nuevo equilibrio entre el mercado y el interés público, generando “políticas públicas” entendidas como una forma de acción organizada a favor de objetivos de interés común, más que exclusivamente como acciones estatales. [5]

Habrá que poner en práctica una serie de reformas destinadas a evitar grandes crisis financieras. En el mundo aún se discute sobre las diversas opciones para llevar a cabo tal empresa: como la negociación de un nuevo sistema internacional, Plan Brady para los bancos, aplicación más estricta de las reglas prudenciales, búsqueda de transparencia en los movimientos de capital de corto plazo, ampliación de nuevos mercados, o incluso el establecimiento de un impuesto como la tasa Tobin.

También se evalúa la constitución de zona de integración regional como camino medio entre la internacionalización total y un repliegue proteccionista en el ámbito nacional. Dentro de las zonas de integración regional se observa que el comercio tiende a densificarse. La integración política puede resultar más eficaz que el establecimiento de una simple zona de libre intercambio, como lo sugiere la trayectoria europea. Los estados siempre tienen la opción de redefinir las reglas de inserción internacional.[6]

América Latina cuenta entre sus fortalezas el ser una región privilegiada por la disponibilidad de los más importantes recursos naturales, con cuantiosas reservas minerales suficientes para emprender un desarrollo autónomo: con alrededor del 25% de las tierras cultivables mundiales, un tercio de los recursos forestales mundiales, ingentes recursos hídricos para el consumo y la generación de energía hidroeléctrica. Además, dispone de más del 15% de las reservas carboníferas existentes y otros valiosísimos recursos como reservas minerales y una población joven y con tendencia creciente que ya hoy es superior a la de EE.UU. y Europa.
“Además hay que remozar los compromisos internacionales a fin de que emerjan regímenes de crecimiento que no hagan de la exportación a todo trance el resorte último de la dinámica económica y social para cada país”.
[7] La constitución de un bloque regional se presenta como alternativa.

En el actual contexto mundial es necesario pensar en el bienestar común de los países sudamericanos y con tales premisas, la mayor posibilidad de desarrollo requiere poner el mayor énfasis en la concertación, diseño y puesta en práctica de políticas de integración intra-regional, de manera de constituir un bloque sólido, compacto y coherente que confiera prioridad a la región antes que a cualquier otra y que se relacione y negocie en un bloque compacto, tanto con los organismos internacionales como con los otros bloques regionales del mundo. Solamente por esa vía podrá hacer valer sus ventajas comparativas. Persistir en el camino del aislamiento, diluirse solitariamente en acuerdos bilaterales con países fuertes, cualesquiera que éstos sean, o adscribirse sumisamente al ALCA en cualquiera de sus versiones significa desaprovechar la oportunidad que genera esta crisis de reordenamiento geopolítico planetario. El lugar marginal que ocupa puede darle mayor capacidad de maniobra. Veremos cuál es el desarrollo futuro del MERCOSUR (cuestión qué hasta nuestros días no termina de definirse pero debería dirigirse hacia una integración más profunda y generalizada en lo económico y político).

¿Es conveniente y posible una opción sudamericana? ¿Cómo estructurar este bloque para darle objetivos comunes y unidad de acción? ¿Cómo conseguir el margen operativo para aplicar políticas independientes? ¿Cómo definir y aplicar esas políticas? Desde la perspectiva, de análisis de este trabajo consideramos que no sólo es posible sino necesario que así sea. El camino se hace andando, la historia dirá si es que podremos ver finalmente la conjunción de voluntades que nos erijan como sujeto o seguiremos transitando el camino equivocado y la dependencia ominosa.

Boyer, R.: Dos desafíos para el siglo XXI: disciplinar las finanzas y organizar la internacionalización, Revista de la CEPAL N° 69, Santiago de Chile, diciembre 1999.

Corrales, J. & Feinberg, R: “Regimes of cooperation in the Western Hemisphere: Power, Interest and Intellectual Traditions”, International Studies Review, 1999.

Frenkel, R.: Reflexiones sobre el financiamiento del desarrollo, Revista de la CEPAL N° 74, Santiago de Chile, Agosto 2001.

Fuentes, Claudio: Seminario “Evaluación de política estadounidense hacia y la definición de políticas de seguridad internacional en América Latina”, et al. FLACSO-Chile y The Open Society Institute.

Hofman, A.: Long run economic development in Latin America in a comparative perspective: Proximate and ultimate causes, CEPAL, Serie Macroeconomía del Desarrollo N° 8, Santiago de Chile, diciembre 2001.

Katz, J.: Cambios estructurales y productividad en la industria latinoamericana, Revista de la CEPAL N° 71, Santiago de Chile, Agosto 2000.

Morley, S: ¿Por qué ha declinado el ritmo de crecimiento económico de América Latina?, Desarrollo Económico N° 166, Buenos Aires, julio-setiembre 2002.

Ocampo, J. A.: Retomar la agenda del desarrollo, Revista de la CEPAL N° 74, Santiago de Chile, Agosto 2001.


Stiglitz, J.: Más instrumentos y metas más amplias para el desarrollo. Hacia el consenso post-Washington, Desarrollo Económico N° 151, Buenos Aires, octubre-diciembre 1998.



[1] En Rojas Aravena, Francisco (ed.), Terrorismo de alcance global: impacto y mecanismos de prevención en América Latina y el Caribe, Tokatlían, Juan Gabriel, articulo: “La inesperada (y temeraria) resurrección del TIAR” para FLACSO-Chile, Santiago, 2003.

[2] Leal Buitrago, 2003.

[3] Ocampo, J. A.: Retomar la agenda del desarrollo, Revista de la CEPAL N° 74, Santiago de Chile, Agosto de 2001.

[4] Boyer, Robert: Dos desafíos para el siglo XXI: disciplinar las finanzas y organizar la internacionalización, Revista de la CEPAL 69, Santiago de Chile, Diciembre 1999. Pág. 36.

[5] Ocampo, 2001.

[6] Boyer, 1999:40.

[7] Boyer, 1999:49.

viernes, 6 de abril de 2007

HAZ DE LUZ

"Tontos que registráis cajas y maletas, ahí no hay nada; el único contrabando oculto y peligroso lo llevo en la cabeza."

(Henirich Heine en un poema dedicado a la policía francesa)




"...Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez..."

(Proclama insurreccional de la Junta Tuitiva en la ciudad de La Paz, 16 de julio de 1809)

“Mi alma por un voto o una pizca de poder: diario de un candidato”

Por Juan F. HONEST

Estimado lector, a las cosas por su nombre, más que un artículo sobre las futuras elecciones pretendemos acercarle una herramienta de análisis: “En caso de emergencia se recomienda romper el vidrio y leer con atención, quizá logre desarmar esa maquinaria perversa cuyo funcionamiento se sirve del sistema democrático”.

Se acercan las elecciones nacionales, estos comicios son el ejercicio de 24 años ininterrumpidos de elecciones libres que nos recuerdan que continuamos viviendo en democracia, aunque poco haya cambiado la forma de “hacer política” en la Argentina.

POLITICO EN CAMPAÑA

Recuerdo una clase de Derecho en la que un profesor diferenció magistralmente el acto de “mentir” de “decir mentiras”. La diferencia radica en que al mentir, uno lo hace conociendo la verdad y ocultando parte de lo que conoce o sabe; en cambio al “decir mentiras”, el individuo es parte del engaño, o se auto-engaña porque termina creyendo sus propios dichos. Los políticos mienten y dicen mentiras, por lo tanto no hay sujeto ni cosa menos creíble que un político en campaña.

Este año hay nuevos candidatos, muchas expectativas, pero por sobre todo más marketing político que nunca. Se han multiplicado las agencias dedicadas a este segmento particular del negocio de los medios y formadores de opinión (verdaderas agencias publicitarias que no venden ni productos ni marcas sino políticos). A modo de ejemplo, le transmitimos el que podría ser un eslogan de campaña: Compre un político, llévelo a su casa, es un producto nuevo que hará su vida más fácil, cuando ya no le sea de utilidad, tírelo o regálelo, pero por favor, no deje que se presente a una nueva candidatura”.

Ahora pienso que mi entrenador no se equivocaba cuando decía que los partidos no se ganan los domingos en la cancha, sino durante la semana en los entrenamientos. El entrenamiento de campaña siempre será igual: los pretendientes, si quieren juntar unos cuantos votos tendrán que embarrarse los zapatos por su público cautivo de las villas.

Así las zonas marginales y marginadas se transforman en verdaderos cotos de caza. El trofeo consiste en copar estratégicamente una villa impidiendo el ingreso de otros con el mismo objetivo. Su método debe ser altamente convincente debido a que la gente pobre ya no cree en promesas. Por lo tanto, el argumento de convencimiento debe ser contundente, este puede tomar la forma de lavarropas y televisores a cambio de la presencia en actos de proselitismo, partiendo en caravanas desde la estación más cercana a escuchar una y otra vez los discursos del candidato convocante y “generoso”. Los discursos estarán plagados de palabras[1] como justicia, inclusión, seguridad, bienestar y trabajo, “empapadas de emotividad”, pero si pensamos en que son los mismos excluidos los únicos que asisten a estos actos-circo, estás se transforman hasta volverse obscenas.

Además de los miles de “necesitados pseudos-seguidores” [2] y cientos de laderos, se montarán monumentales construcciones de opinión pública detrás de estos políticos de cartón.

De hecho en este preciso instante (en el que usted, estimado lector, recorre estas líneas) importantes sumas de dinero proveniente de las arcas públicas en el caso del oficialismo, y de fondos privados[3], en el caso de la oposición, están siendo destinados a frondosas encuestas de opinión[4] que se realizan a fin de recabar información sobre el sentimiento del electorado y sus preocupaciones para la posterior realización de imponentes campañas propagandísticas. De una forma u otra, las campañas serán financiadas por todos los argentinos.

Los gurúes de la imagen sostienen que hay elementos claves para salir elegidos. Uno de ellos es hacer una campaña corta ya que una persona conocida y con buena imagen no necesita más de 3 meses. Alguien desconocido debería mostrarse públicamente al menos un año antes de las elecciones. Las propagandas deben apuntar directamente a la sensibilidad de la gente, la identificación del electorado con el candidato debe encontrar la sintonía perfecta.

Miguel Silva, un especialista colombiano en marketing político, explica que la estrategia tiene tres fases: hacerse conocer, conectarse con la gente y finalmente darles argumentos a los votantes.

Un buen candidato debe poder sintetizar sus ideas en 20 segundos, porque una candidatura puede definirse por un buen comercial de televisión. Funciona también la teoría conductista del “refuerzo”, los candidatos pasan horas tratando de explicar a través de los medios sus propias declaraciones en otros medios, mientras que la realidad les pasa por al lado y se escapa por la ventana. Las naciones entonces son gobernadas por poderes indirectos como dueños de medios, grupos fuertes si los hay, en las débiles democracias contemporáneas.

Por su parte Elvira C. Aparicio, una reconocida especialista en marketing político, nos ilustra: la imagen de un candidato se construye con un discurso fluido, consistente en un mensaje único que genere empatía emocional y racional con la gente. No se necesitan muchos argumentos, sino emociones que lo acerquen al mayor número posible de electores y que generen confianza. Finalmente, está la etapa de “buscar razones”.

El vacío programático del discurso no es un problema, porque durante la campaña los votantes lo llenan de forma curiosa. “Cuando se les pregunta cuál es la propuesta de su candidato sobre un determinado tema, las personas contestan lo que ellas mismas piensan”, es decir la empatía se traduce en verlo cercano.

Mientras más se propone a los candidatos que suenen creíbles, que sus discursos no aburran, que manejen su agenda hábilmente, que caminen derechos y decididos, la ciudadanía intenta descubrir la verdadera fachada que se esconde detrás del candidato dispuesto a vender su imagen como un producto de consumo masivo.

GUIA DEL CANDIDATO 2007

Sobre cómo fabricar un candidato a presidente que suene creíble en tan sólo tres meses. Aunque usted no lo crea, no es un truco de magia, es tan sólo una buena estrategia y un público electoral dispuesto a creerla.

Como dijimos anteriormente, en la actualidad, la elección de un candidato puede ser nada más que el resultado de una buena campaña publicitaria. Por eso todos, y sin descartar a ninguno, han leído al menos una vez “El manual del candidato 2007 para la Republica Argentina[5]”.

Aquí un pequeño resumen [6]:

· No importa demasiado su propuesta pero siempre que pueda péguele al resto de los candidatos (construcción de la identidad por antonomasia).

· Tenga en cuenta que no hay campaña que se gane si no hace reiteradas apariciones en televisión.

· Sepa que todas las anteriores gestiones han hecho nada más que estragos.

· Cuando prometa no sea concreto, no se olvide que puede ser gobierno y quizá tenga que explicar.

· Procure utilizar un mensaje básico y elemental. Recuerde, su plan es tan efectivo como secreto.

· Hable seguro de lo que desconoce. No interesa lo que diga, pero hágalo contundentemente, la gente quiere escuchar cosas jugadas.

· Póngale buena cara aún al periodista más fastidioso, no se olvide que lo necesita.

· Tenga en cuenta que el electorado está concentrado en resolver sus problemas cotidianos, así que sea breve, puede estar interrumpiendo algo verdaderamente importante.

· Debe hablar de sí mismo como la única solución encarnada en persona, insista sobre esta línea de acción.

LA CALIDAD DE NUESTRA POLÍTICA:

Muchos esperan de la figura del presidente, un verdadero líder carismático, con vasta experiencia en los asuntos de gobierno, un dirigente pragmático con ideas claras y marcados valores, interesado por la justicia y la economía del país, el cual además de estas cualidades y virtudes esté dispuesto a sacrificar una buena parte de su vida por el bien común, pero lamentablemente las cosas no son así, por desgracia. Esa persona que parece un ciudadano común es “un político” y tiene una inmensa sed poder y además de carencias flagrantes. Conseguirá llegar a la máxima competencia de la dirigencia política sorteando obstáculos, como los limites de su propia conciencia.

La forma institucionalizada de “hacer política” implica la aceptación implícita de condiciones como la convivencia con sus más acérrimos enemigos con una sonrisa complaciente.

Históricamente la relación entre oposición y oficialismo estuvo representada por un juego de suma cero. Consistente en el desgaste, la disminución o invalidación del otro. En teoría de los juegos, los juegos de suma cero, son aquellas interacciones entre partes antagonistas, que implican necesariamente que ambas sean vistas como opuestas. Es en contra del otro y no con el otro. Entonces el espacio de intercambio se sustenta en la crítica destructiva. Esta postura, sin embargo no es ley ni mucho menos, de hecho podemos observar casos tan reales como actuales donde el oficialismo comparte una cuota de su gestión con la oposición, son ejemplo de ello las democracias más fuertes de globo.

Nos cansaremos de escuchar discursos tanto del oficialismo como las oposiciones, de partidos chicos o no tan chicos, de larga trayectoria o producto de nuevas alianzas, mentiras o pseudos-soluciones. Es natural oír un discurso que diga lo siguiente: “En el partido“X” buscamos el consenso, pretendemos construir una Argentina mejor, un país confiable, con igualdad, seguridad y trabajo para todos”. Sin embargo la mera expresión de deseo no lleva a cabo el fin, tal intención encuentra sus límites en el “cómo” alcanzar ese fin, debido a que la solución encierra un número muy elevado de variables.

Un discurso público, tan cierto y sincero como irreproducible, podría rezar lo siguiente: “Quiero ser el futuro presidente porque es mi meta personal para demostrarle a todos que puedo, debo un montón de favores y estoy dispuesto a hacer cualquier cosa por una pizca de poder”.

REFLEXIONES:

Si bien es natural que la sensación de frustración se apodere de nosotros debido al retroceso en los aspectos políticos, a la descomposición generalizada del tejido social y a la “precarización de diversos aspectos macroeconómicos, sin embargo, no debemos olvidar que el acto de votar es un derecho-obligación consagrado por la Constitución Nacional como un acto de expresión de la voluntad ciudadana y de la vida civil.

Debemos resistirnos a la idea de que todo está dicho para seleccionar de los candidatos al menos peor porque el desinterés es el abono necesario para que un grupo de ineptos y sedientos de poder ocupen, libremente, los eslabones más importantes de la dirigencia política del país.

La desconfianza en los partidos políticos y la degradación de las instituciones debido sucesivos gobiernos que han usado al Estado como agencia propia, fomentando el clientelismo político; de esta forma la corrupción ha pasado de ser una característica más del ser humano para ingresar en el sistema convirtiendo a la gestión pública, en todos los ámbitos, en una corruptela política. En manos de las nuevas generaciones resta el futuro de la Argentina.

Ya es tiempo de dejar de alimentar nuestros propios deseos-fantasías de construir un país serio a través del simple acierto en la elección de buenos dirigentes. Esa impostergable tarea reside en el pueblo, a través de la educación, el compromiso, el fortalecimiento institucional, el involucramiento de todos los sectores de la sociedad, privilegiando lo “nuestro” por sobre lo “mío”, a través de la conciencia, la esperanza y el respeto. La llave reside en el compromiso activo y no en un voto.

El país que tenemos es de todos y cada uno de nosotros. Recordemos, que no debemos exigirles a los políticos aquello que no hacemos como ciudadanos.

Me despido con una frase muy interesante, que es de Osvaldo Bayer a quien respeto, que dice así, “lo que nos falta es tener el coraje civil de descreer de los ególatras y tener fe en la fuerza de las comunidades”.




[1] “Las palabras pueden llegar a cansarse y a enfermarse, como se cansan y se enferman los hombres o los caballos. Hay palabras que a fuerza de ser repetidas, y muchas veces mal empleadas, terminan por agotarse, por perder poco a poco su vitalidad. En vez de brotar de las bocas o de la escritura como lo que fueran alguna vez, flechas de la comunicación, pájaros del pensamiento y de la sensibilidad, las vemos o las oímos caer como piedras opacas, empezamos a no recibir de lleno su mensaje, o a percibir solamente una faceta de su contenido, a sentirlas como monedas gastadas, a perderlas cada vez más como signos vivos y a servirnos de ellas como pañuelos de bolsillo, como zapatos usados”. “Palabras” de. Julio Cortázar.

[2] Votarán por el chori y el vaso de vino (y algunas cosas más, difíciles de creer como estupefacientes, pantallas de plasma, electrodomésticos, lavarropas administrados por arbitrio de los punteros políticos, junto a las promesas y más promesas nunca cumplidas como la de creación de hospitales públicos

[3] Los grupos de poder descontentos con el gobierno de turno buscan revancha en beneficio propio- a través de cámaras de industriales y empresariales, nacionales y transnacionales, pagarán literalmente un “depósito” de confianza con el futuro candidato, que de ser electo, se verá en la obligación de retribuir con creces las buenas intenciones en forma inocentes favores.

[4] Las encuestas de opinión son diseñadas y realizadas por avezados especialistas provenientes de la psicología, la antropología –que desplazó a la sociología- y de la publicidad que trabajan con el fin de obtener una visión actualizada del humor y la opinión de la gente como usted y como yo.

[5] ¡¡Adquiérala ya!! Si pretende “juntar” votos, es una edición limitada para las próximas elecciones.

[6] Leer con atención dependiendo si se es gobierno (oficialismo) o si es oposición.