La década del ’90 fue el período más espectacular en todo el siglo XX en lo relacionado a la transferencia de riqueza de América latina a los Estados Unidos y Europa. Fueron los años durante los cuales una importante cantidad de presidentes surgidos de elecciones sufrieron distintas suertes: algunos fueron juzgados y condenados por fraude y enriquecimiento ilícito (Collor de Mello en el Brasil, Pérez en Venezuela y Bucaram en Ecuador); otros fueron públicamente identificados con asesinatos y narcotráfico (Salinas en México), drogas y contrabando (Jaime Paz en Bolivia), y venta fraudulenta de empresas públicas (Cardoso en el Brasil). La presidencia de Menem tuvo la particularidad de combinar todos los vicios de sus colegas presidentes, con una diferencia: mantuvo el apoyo de Wall Street, la Comunidad Económica Europea y las más importantes instituciones financieras (FMI, Banco Mundial, BID). Menem es parte de la corte de presidentes latinoamericanos responsables de haber vendido a precio vil los recursos públicos más lucrativos en la historia de la región. De esta manera, el menemismo es parte de un fenómeno más genérico, el “peonismo (servilismo) político”: la utilización de la presidencia al servicio de las demandas y el espíritu adquisitivo de las corporaciones multinacionales. Comprender al menemismo es enfocarlo como un fenómeno relacionado con un patrón general de comportamiento en América latina. Los presidentes de México, Brasil, Chile, Venezuela, Ecuador, etcétera, sirvieron de instrumentos para hacer que la década del 90 haya sido la más lucrativa para los bancos y multinacionales de los Estados Unidos y Europa: cerca de un trillón de dólares en ganancias, pagos de intereses de la deuda, excedentes comerciales y pagos en concepto de regalías, sumados a la venta de la mayor parte de los activos de las empresas más valiosas, y la transferencia del control del grueso de los mercados internos. El peonismo político presidencial ha enriquecido a las clases capitalistas de los Estados Unidos, Europa y el Japón hasta un grado sin precedentes, al tiempo que redujo de forma sistemática el estándar de vida de las tres cuartas partes de la población.
La política de Menem al servicio de las multinacionales fue representativa de todo el período en la región, ya que éste, al igual que Fujimori y Cardoso, pudo obtener durante una década un poderoso apoyo externo a su personal mando autoritario. Dentro de este subgrupo de presidentes autoritarios, el dominio de Menem se basó en una mezcla de intimidación política a través de agencias de inteligencia policial, control del Estado a través del partido peronista y utilización del paternalismo estatal para controlar la pobreza urbana. Menem, como Cardoso en el Brasil y Salinas en México, representa una ruptura radical con las instituciones “nacionalistas y populares” de su país: el completo desmantelamiento de los programas de bienestar social y la venta de empresas públicas. La personal idiosincrasia de Menem, su extravagante pillaje del tesoro público para sacar fondos para sus placeres personales, los nexos de su familia con el tráfico de drogas y el contrabando, y su imagen estrafalaria de playboy, no nos debería distraer de su más consecuente conducta en lo atinente a la transformación de la Argentina en una sociedad altamente polarizada y totalmente dependiente del capital financiero de los Estados Unidos. Menem, como sus pares en América latina, fue responsable de la más impresionante era de depredación extranjera y ganancias hechas por inversores extranjeros en el siglo pasado; igualmente importante es el hecho de que fortaleció una corte poderosa de inversores argentinos, financistas y especuladores que establecieron los parámetros económico-políticos que todo futuro político capitalista se verá obligado a seguir. Su legado, es decir, la economía altamente dependiente y vulnerable, significa que cualquier desvío en política podría provocar un colapso del edificio financiero y la huida del capital especulativo. El menemismo hizo que cualquier reforma capitalista resulte inviable: este legado ha polarizado las opciones económicas entre el capitalismo neoliberal o el socialismo.
Si, como creemos, al “menemismo” se lo encuentra en la mayoría de los países latinoamericanos, la explicación no puede atribuirse a la idiosincrasia del presidente argentino, sino a una serie de factores generales que afectan a América latina en su conjunto. El surgimiento del “menemismo continental” se explica por dos factores, uno externo y otro interno: el primero se relaciona con el resurgimiento del imperialismo de los Estados Unidos y Europa, después del retroceso temporal durante los años ’70. Este retroceso se da a partir de su derrota en Indochina, el resurgimiento del radicalismo islámico en Irán, los movimientos de liberación nacional en el sur de Africa y el breve florecimiento de regímenes populares en el Cono Sur de América latina. De cualquier manera, a finales de los ’70 el imperialismo norteamericano y europeo lanzó una exitosa contraofensiva, que logró aislar los procesos revolucionarios de Indochina e Irán, acabar con los regímenes progresistas de América latina y destruir la promesa de liberación en Angola, Mozambique, etcétera. Esta contraofensiva culminó en la restauración del capitalismo en la Unión Soviética, el este de Europa y China. Con el capitalismo en ascenso y el socialismo en retirada, el imperialismo norteamericano “radicalizó” su agenda política: se implementó una política coordinada para destruir los Estados capitalistas nacionales a través del uso combinado de instituciones financieras internacionales, dictaduras militares complacientes e intervenciones estatales imperialistas. De esta forma, uno de los factores clave que influenciaron en la aparición del “menemismo continental” es el resurgimiento de un imperialismo “radicalizado, sin el impedimento de una izquierda en retirada política y, en algunos casos, militarmente derrotada.
El segundo factor, interno, que influenció en el surgimiento del “menemismo continental” es la aparición en América latina de una Nueva Clase Capitalista Transnacional (NCCT), que no mira más al mercado interno como su principal fuente de ganancias, ni tampoco busca protección del Estado: está ligada al capital exterior a través de joint ventures, invierte la mayor parte de su capital en el exterior y obtiene principalmente sus préstamos de bancos extranjeros. En pocas palabras, la NCCT opera en los mismos circuitos financieros del capital extranjero, moviendo sus fondos dentro y fuera de América latina al igual que los especuladores extranjeros. Esta nueva clase capitalista transnacional de América latina comparte los mismos intereses económicos y perspectivas políticas que el capital extranjero, con la única y principal diferencia que está enraizada en la estructura político-económica del subcontinente, es decir, tiene un pie en éste y otro en los Estados Unidos o Europa. Ocupando posiciones estratégicas en las finanzas, la industria y el comercio, la NCCT no es simplemente el “comprador” capitalista del pasado, ya que está en condiciones de influenciar los flujos de inversión y comercio dentro del subcontinente y, de esa manera, en posición como para precipitar una “crisis”–hiperinflación, salida de capitales, etcétera–, para minar cualquier régimen capitalista que pretenda imponer el viejo modelo nacional-populista.
El “menemismo continental” es la expresión de la ascendente NCCT en América latina y de la disolución de la vieja “burguesía nacional”. La ruptura de Menem, Cardoso y Salinas con el anterior modelo nacional-popular y su adaptación al modelo neoliberal corresponde al ascenso de la clase capitalista transnacional latinoamericana como nueva referencia sociopolítica, determinante de cualquier desarrollo capitalista.
En síntesis, la aparición del “menemismo continental” en década pasada, coincide con la transformación interna de la clase capitalista y la radicalización del resurgido imperialismo euro-norteamericano. La “coincidencia de intereses” entre estos dos fenómenos refuerza el ascenso del menemismo continental.
El argumento de que no hay alternativa al neoliberalismo se basa en el hecho de que no existe un poder capitalista viable capaz de sostener un modelo de desarrollo alternativo con el ascenso de la NCCT. Su corolario es que el resurgimiento del imperialismo internacional ha eliminado la alternativa socialista en dicho ámbito. En este caso, se identifica al “socialismo” con los regímenes de la ex Unión Soviética. El ascenso de la NCCT en América latina es consonante con los intereses del capital multinacional y sirve de orientación a cualquier político capitalista que sea elegido para gobernar. La convergencia de estas fuerzas internas y externas explica por qué líderes políticos de distintos orígenes o adscripciones partidarias –ya sean socialcristianos, socialdemócratas, nacional-populares, etcétera–, terminaron convergiendo en su totalidad en el neoliberalismo.
En el contexto de la Argentina posdictatorial, el régimen de Alfonsín fue una muestra palpable de las demandas de poder de la nueva configuración capitalista: allí se juntaron la falta de habilidad de ex presidente argentino para acelerar las propuestas neoliberales, su breve flirteo vía Grinspun con una moderada dosis de políticas reformistas y su debilidad para acabar con la dirigencia sindical propulsora de huelgas que ocasionaban perjuicios económicos –la huida de capitales, las crisis y la “falta de confianza”. El eje de la “estabilización” de Menem apuntó a un objetivo político –romper la resistencia popular, con vistas a cumplir con todas las propuestas de la NCCT y las del capital imperialista: privatización, recorte social drástico, flexibilidad laboral, etcétera. El nombramiento de un gabinete ultraliberal, una vez alcanzada la primera victoria electoral menemista, fue la señal de que la NCCT era el único punto de referencia para su política económica.
Situaciones políticas similares a las Menem se dieron en el Perú con Fujimori y en el Brasil con Cardoso. El capital precipitó una crisis contra los débiles regímenes “nacionalistas” de Alan García en el Perú y de Itamar Franco, en el Brasil. Consiguientemente, los nuevos presidentes electos, que habían desarrollado su campaña en base a programas populistas, procedieron a implementar programas de estabilización orientados a crear el clima para la privatización drástica.
Menem fue el líder de la segunda ola de neoliberalismo: estableció la conexión explícita con el capital extranjero e introdujo las nuevas políticas autoritarias a fin de asegurar la implementación de sus políticas. En primer lugar, eludió al Congreso, privatizando por decreto; en segundo lugar, intervino en el ámbito judicial para asegurarse jueces complacientes; en tercero, impulsó la reforma constitucional para asegurar su reelección. Este patrón de ejercicio autoritario del poder fue seguido subsecuentemente en el Perú y el Brasil. De esta manera, al tiempo que las fuerzas imperialistas externas y la NCCT interna intervenían para darle forma a los parámetros de acción política de la segunda ola de neoliberalismo menemista, el régimen político de Menem conformaba una configuración institucional político-económica que permitía la implementación de las políticas neoliberales sin ninguna oposición popular o democrática. El neoliberalismo ha avanzado en dos olas en América latina: la primera, llevada a cabo por Pinochet en Chile y más tarde retomada por Martínez de Hoz en la Argentina, estableció las bases para el surgimiento y la hegemonía de la NCCT latinoamericana, en alianza con las corporaciones multinacionales de los Estados Unidos y Europa. Esta primera ola creó una “cabeza de playa” o un nuevo punto de referencia en las postrimerías de los ‘70 para la ofensiva imperialista, que coincidió con el resurgimiento de los políticos electoralistas tradicionales.
El menemismo representa el arquetipo de la segunda ola de neoliberalismo: totalmente servil con los poderes de arriba –corporaciones multinacionales y NCCT–, y represivo frente a las fuerzas populares de abajo, un ejemplo de la clásica personalidad autoritaria analizada por Theodore Adorno. Menem fue pionero del peonismo presidencial en el supuesto de que su servilismo incondicional al imperialismo le aseguraría una posición “privilegiada”, como socio menor, en el imperio en expansión. La competencia entre los “peones presidentes” de América latina en otorgar concesiones y “negocios especiales” socavó toda posibilidad de una política latinoamericana conjunta en la renegociación de la deuda externa, en la regulación del flujo especulativo de capitales, etcétera.
En este contexto, la constitución del Mercosur debería ser vista, no como una estrategia regional, sino como un marco institucional a través del cual las multinacionales extranjeras, ahora propietarias, podrán expandir sus mercados, reducir pagos de tarifas aduaneras e integrar procesos productivos más allá de las fronteras nacionales. Lejos de ser una alternativa “latinoamericana” a la dominación imperialista, el Mercosur es una herramienta importante para profundizar la expansión euro-norteamericana dentro de la región. El Mercosur se hizo posible a causa de la diseminación del menemismo desde la Argentina al Brasil, el Uruguay y el Paraguay. La convergencia de las políticas neoliberales entre Menem y Cardoso estableció las bases para una nueva ola de expansión entre las fronteras por parte de las industrias automotrices norteamericanas y europeas y el control extranjero de las empresas manufactureras en el Brasil y agropecuarias en la Argentina (de las que Soros es sólo un ejemplo).
En una retrospectiva histórica, el nuevo y más radical programa de privatización iniciado por Menem, como líder de la segunda ola de neoliberalismo, desempeñó la función de profundizar y extender la explotación y adquisición de riqueza por parte de los Estados Unidos y Europa. Lo que también es claro, de todos modos, es que el imperialismo euro-norteamericano no ha retribuido a sus sátrapas locales con ninguna prebenda económica. El servilismo de Menem garantizó, como máximo, la tolerancia política euro-norteamericana y el apoyo a su régimen hasta el momento en que su corrupción flagrante y su rufianería política se transformaaron en un estorbo... entonces, buscaron un sustituto que continuara sus políticas económicas sin los “excesos” de aquél: de esta forma se explica el apoyo a De la Rúa.
La internacionalización del menemismo, ya sea bajo la forma de peonismo presidencial o de electoralismo autoritario, ha provocado una serie de confrontaciones sociales importantes en varios países de América latina, donde las fuerzas de la izquierda nacionalista son más fuertes que en la Argentina. Los regímenes políticos en Venezuela, el Brasil y Ecuador, que intentaron seguir el modelo de Menem han sido derribados, derrotados o enfrentados severamente. Este modelo funciona mejor allí donde las masas puedan ser controladas por un partido de gobierno, donde la izquierda esté fragmentada y los movimientos sociales sean de alcance local, y donde la oposición esté ampliamente ligada a los mismos intereses euro-norteamericanos y de la NCCT.
En Venezuela, el menemismo bajo la forma de los regímenes de Pérez y de Caldera, colapsó y fue reemplazado por un régimen bastante parecido al nacional-populista, como el de Chávez. En Ecuador el régimen de Bucaram fue desplazado del poder por medio de huelgas generales prolongadas que paralizaron el país. En el Brasil, el régimen de Cardoso está aislado y desacreditado ya que encuentra una resistencia nacional diseminada ampliamente a partir del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), los sindicatos (CUT) y el Partido de los Trabajadores (PT).
Sólo en el Perú, donde Fujimori se enfrenta a una izquierda débil y fragmentada y donde maneja un aparato estatal clientelista fuertemente represivo, encontramos un menemismo con una fuerza formidable.
Mientras el rasgo general del menemismo crea una profunda contradicción al nivel de las relaciones nacionales y de clase, las expresiones políticas de estas contradicciones se manifiestan de acuerdo a la estructura interna de las fuerzas sociales nacionales y populares. Los resultados políticos y sociales desiguales y diferenciados de la creciente polarización socioeconómica apunta a la centralidad de las políticas internas de clase y la lucha de clases como los determinantes principales que conforman una perspectiva de largo alcance en el desarrollo progresivo de alternativas al menemismo en América latina.
Neoliberalismo y cleptocraciaEn la Argentina se generalizó el rechazo a la endémica corrupción del régimen menemista. Es necesario analizar la corrupción general que acompaña a los procesos de privatización en América latina, y particularmente cómo la nueva configuración de poder, basada en el predominio del capital extranjero y la dominación imperial, induce a la corrupción. Una de las principales fuentes de corrupción es el proceso de privatización: cuanto más amplio y generalizado es el proceso de privatización, es más factible que se implemente mediante decretos ejecutivos, menos probable que se sujeten a un control contable público, y hay más oportunidades de que la elite política se involucre en prácticas corruptas. Hay varias formas a través de las que el proceso de privatización se presta, en sí mismo, a la corrupción. Primero, en el avalúo de la empresa pública: se asegura un bajo precio de venta y el favoritismo a un comprador mediante coimas a autoridades gubernamentales del entorno presidencial. La transferencia de propiedades públicas a manos privadas frecuentemente involucra el pago de sumas de dinero a miembros de la familia y “amigos” del presidente. Estos pagos pueden aparecer bajo la forma de “comisiones” a consultores u otros mecanismos. La falta de transparencia es resultado del estilo autoritario de toma de decisiones propio de la elite y de la naturaleza antipopular del proceso de privatización. De esta forma, los altos niveles de corrupción en el régimen de Menem son en gran parte una función de su papel de presidente peón del imperialismo euro-norteamericano, que incluye la privatización masiva y su consecuente corrupción.
La corrupción masiva y endémica también es el resultado de la concentración de la propiedad. La ruta tradicional hacia la movilidad social para la clase media se daba, por ejemplo, a través de la apertura de un negocio, el incremento de la producción y las ventas, que le permitía acumular riqueza en forma gradual. Con la privatización y la concentración de la propiedad de la tierra, las finanzas y la industria, el “costo de ingreso” para involucrarse en negocios exceden de lejos la capacidad económica de cualquier persona de clase media en América latina. Imposibilitados de ascender socialmente a través de la competencia en el mercado, los individuos de clase media con ambición de ascenso social, ingresan a la política y transforman su cargo político en un mecanismo para servir al capital extranjero a cambio de comisiones económicas (coimas, acciones bursátiles, etcétera). Ya que los canales de ascenso social están cerrados, el cargo político se transforma en la única arena donde la clase media puede competir, obtener una oficina y subir la escalera económica a través de mecanismos ilegales.
El presidente Menem es el arquetipo de clase media baja provinciana que fue capaz de convertir su retórica populista en cargo gubernamental y política económica en medio de una transferencia masiva de riqueza a los bancos extranjeros y a las multinacionales a cambio de beneficios económicos. En este sentido, la corrupción política es el principal vehículo de la movilidad social en la era de la monopolización imperial del mercado. No es simplemente una transgresión de la moral por parte de individuos imperfectos, sino una condición estructural endémica del modelo neoliberal.
En el contexto internacional de los ‘90, la corrupción menemista es la norma de conducta de todos los políticos que promueven la dominación imperial de las economías.
Conclusión
Este contexto internacional de la última década del siglo revela una realidad dual: la profundización de la crisis capitalista para las masas de América latina, una mayor concentración de poder de la NCCT nativa y un período de prosperidad sin precedentes del imperialismo euro-norteamericano. Menem fue un pionero en la introducción y consolidación de las políticas económicas y las relaciones entre Estados que promovieron este modelo. Su modelo de peonismo presidencial estableció un punto de referencia importante a seguir por los otros presidentes latinoamericanos. Menem fue igualmente importante en establecer un modelo híbrido electoral y autoritario, en el que las formas electorales democráticas se saturaron de prácticas políticas autoritarias, permitiendo, de esta manera, a los presidentes electos imponer las preferencias imperiales antipopulares. En conclusión, mientras que la correlación internacional de fuerzas favorecían la expansión imperial y la extensión de la doctrina neoliberal, los desarrollos económicos internos (es decir, el ascenso de la NCCT) y los cambios políticos (surgimiento de figuras políticas innovadoras, serviles y autoritarias a la vez, al estilo de Menem), resultaban instrumentales a la imposición del modelo neoliberal.
Sin lugar a dudas, están apareciendo cambios significativos en la correlación interna de fuerzas de clase nacionales, que están confrontando al menemismo en América latina... en el Brasil con el MST, en Colombia con las FARC y el ELN, en Venezuela con el movimiento de masas chavista, y en la Argentina con los sindicatos disidentes y los movimientos populares. De cualquier forma, queda claro que, dada la ausencia de una burguesía progresista, sólo un movimiento socialista basado en las clases populares puede crear un modelo económico alternativo y viable, y una base duradera con vistas a un nuevo orden internacional.
* James Petras es docente e investigador del Departamento de Sociología de la Universidad del Estado de New York (Binghamton). Fue miembro del Tribunal Rusell contra la represión en América latina. Es autor de numerosas publicaciones, entre las editadas en castellano mencionamos: América Latina: ¿Reforma o Revolución? (Tiempo Contemporáneo, Buenos Aires, 1970); Fuerzas políticas y sociales en el desarrollo de Chile. (Amorroutu, Buenos Aires, 1971), Capitalismo, Socialismo y crisis mundial (Editorial Revolución, Madrid,1984); Clases, Estado y Poder en el Tercer Mundo (FCE, México, 1986; Democracias frágiles (contrapunto, Buenos Aires, 1993). América latina: Pobreza de la democracia y democracia de la pobreza (Homo Sapiens Ediciones, Rosario, 1995).Es miembro del Consejo Asesor de la revista Herramienta.
Un espacio en el que las palabras encuentran su sentido dándole forma a una mirada de la realidad política desde el ángulo de las ideas propias. Una mirada no convencional de los fenómenos políticos nacionales e internacionales. Desde un humilde lugar damos nuestra opinión... Después de todo si el mundo no va a cambiar... ¿Por qué no hacemos un esfuerzo por elevar la altura de nuestras ideas?.
domingo, 26 de octubre de 2008
El menemismo:el contexto internacional de la década del ’90
lunes, 21 de julio de 2008
EL CAMPO vs. EL GOBIERNO
El mal llamado conflicto entre el campo y el gobierno FUE:
Un conflicto de intereses entre sectores y no de valores.
La partes involucradas, no fueron las verdaderas protagonistas.
La vedette de este tragicómico conflicto fueron los multimedios.
Participaron como en casi todo acto político, los ignorantes sean estos ricos, por considerar que se vulneraban sus intereses (mal llamados derechos) o pobres porque fueron convocados por sus respectivos punteros políticos.
El conflicto de interés, quiso convertirse en un debate de ideas multitudinario pero pecaminosamente se convirtió, en una disputa de herrada posturas.
Una vez más la derecha alzo sus banderas siempre relucientes, de que todo lo que no los beneficia es autoritario e inconstitucional y sus luchas son genuinas porque son merecedores de todo lo que tienen y más también.
Entre medio las clases medias desconcertadas,
En este conflicto como en tantos otros hemos perdido, pero no porque no se les obtendrá de sus escandalosos ingresos, una mayor renta sino porque otra ha triunfado la postura de la prepotencia y ha fenecido la postura de la arrogancia. Ambos defectos
Si de algo ha servido este debate o conflicto fue para volver a mirarnos al espejo y convencernos de que aun somos un proyecto de nación, de que nuestra instituciones tienen boca pero no tienen dientes, de que el poder seguirá en manos de quienes lo tienen y de aquellos que lo detentan y por sobre todas las cosas, de que ganara quien ganara esta contienda, ya habíamos perdido de antemano, porque la salud de nuestros sistemas democráticos aun no han muerto pero padecen de una patología incurable.
viernes, 4 de julio de 2008
PARECE QUE A LA HUMANIDAD NO SE LE FUE ULTIMO TREN
El rescate de Ingrid nos permite seguir confiando en nuestras fantasias de rebeldes de que un mundo mejor es posible...... un mundo latinoamericano que no hable el monotematico lenguaje de la violencia, que no trae más que violencia.....
Ingrid termino su cautiverio forzado para demostrarnos en carne y hueso que hasta los mas locos pueden alternar instantes de lucidez.....
Lucidez y claridad en objetivos y propositos que se ausentan en más de un dirigente de aqui y de allá.....
....¿Parece que no todo esta perdido?...que no todo dá lo mismo..... que hasta las FARC pueden volver sus pasos si reconocen haberse equivocado.....
Mientras tanto, aparentemente, los argentinos tambien aprendimos que no se puede joder con la democracia.... y que si jodemos con la democracia nos jodemos todos..... que de un lugar asi no se vuelve... o al menos se vuelve siendo el mismo....
De aprendizajes con dolor parece que se trata.... pero a fuerza de repiticiones, de tropezones con la misma piedra...
Hoy me voy a dormir reconfortado, porque no ganó la madre de Ingrid, con su liberación, porque el exito de la operacion "rescate" si es que realemnte existio, se lo pueden ajudicar alguno boludo o muchos..... pero lo cierto es que hemos ganado TODOS, porque parece que aunque se endurezcan las posturas politicas más disimiles, igualmente existe un chance frente a esta maquinaria.....
miércoles, 16 de abril de 2008
SOBRE LA VIOLENCIA Y OTROS
EN LA MAYORIA DE LOS CASOS SE TRATA DE FALTA DE EDUCACION!, de limites, de codigos. Los padres no cumplen con su rol. Los maestros estan atados de pies y manos (no sea cosa que se "traumen" los chicos). ¿O acaso los hechos publicos de estos dias, no muestran que excede la clase social y el ambito?. No son solo "Peleas": ceder el asiento, ceder el paso, el lenguaje,etc. Es mas que claro y lamentablemente, varias generaciones estan dañadas de esa manera, y eso es irreparable. Como diria mi abuelo: "pobres hubo siempre, pero no por eso eran brutos". Pobres son los de ahora, quienes AL MARGEN DE SU CLASE SOCIAL ECONOMICA, tienen una educacion, unos valores y codigos, lamentables!
jueves, 1 de noviembre de 2007
ACARICIANDO EL FRAUDE ELECTORAL 2007
Durante el domingo 29,
Parece que los años de la democracia en el as republicas débiles una y otra vez acarician los limites de una elección conforme con las normas. En un estado de derecho, por mas que el poder se haga sentir las instituciones desarrollan la capacidad de absorber los golpes de los fuertes adversarios del sistema democrático que una y otra vez descargan su artimañas para sacudir los bases de esta endeble estructura.
Si bien los argentinos nos caracterizamos por una falta total de memoria, también es verdad que a través de la lucha y la conciencia se han podido derrotar a enemigos mas temibles...
Deberíamos agendar las ultimas elecciones como una fuerte llamada de atención, hemos acariciado un fraude electoral, sin querer pero siendo cómplices de los unos y los otros.
Pero ha dicho superlativamente alguna vez el mas eximio escritor que haya nacido en esta patria, el mismísimo Borges, no nos une el amor sino el espanto...
martes, 24 de julio de 2007
Petropolítica: la política de la Edad de Piedra
Por Fernando Iglesias *(para la Revista Noticias)
Las mayores amenazas al mundo post-industrial y global provienen de un decrépito orden nacionalista e industrialista intrínsecamente dilapilador y contaminante y tendiente al militarismo.
Un breve vistazo a las mayores fortunas del planeta, encabezadas por productores de programas informáticos, especuladores financieros, propietarios de medios de comunicación y magnates de Hollywood, permite comprender que la generación de riqueza está pasando de una fase hardware, en la que el valor se generaba produciendo objetos mediante el trabajo manual, a una fase software, en la que predomina el trabajo intelectual. De Henry Ford a Bill Gates, en un mundo postindustrial dedicado a la creación y manejo de informaciones, conocimientos, diversidad cultural, comunicación, innovación y emociones, el cambio registrado en lo que Marx hubiera denominado el "modo de producción" ha sido increíblemente rápido: bastante menos de un siglo entre el Ford T y la primer PC. Un soplo en la historia de la humanidad.
Ya para 1980, Alvin Toffler sostenía que el conflicto entre capitalismo y comunismo era una disputa transitoria dentro de una misma civilización industrial, y profetizaba que dejaría paso a la verdadera lucha política del futuro: un megaconflicto de dimensiones planetarias entre los defensores de la segunda ola industrial y los de la naciente tercera ola postindustrial. Toffler tenía más razón de lo que sospechaba, y sin embargo no sería exactamente la industria la que adoptaría la defensa del obsoleto statu-quo nacional-industrial sino la rama más atrasada de la industria, que se ocupa de la provisión de energía para la antigua forma de producción, dependiente de su majestad el petróleo.
Un cuarto de siglo después de la publicación de "La tercera ola" toffleriana, apenas se alza la mirada por encima de las fronteras nacionales se observa que las mayores y más urgentes amenazas al mundo postindustrial y global (el recalentamiento atmosférico, el agotamiento de los recursos no renovables, los conflictos por los recursos energéticos) provienen de un decrépito orden nacionalista e industrialista intrínsecamente dilapidador y contaminante, y tendiente al militarismo y la confrontación. He aquí el origen de la petropolítica.
Dos paradigmas antológicos: petropolítica y sociedad del conocimiento y la información
Nada más lejos de la tan mentada sociedad de la información y el conocimiento que la industria petrolera. Un pozo o un barril de petróleo no valen nada para nosotros si otro se apodera de ellos. Por el contrario, los programas informáticos de una computadora pueden ser copiados sin perder su capacidad original y son más valiosos cuantos más usuarios lo utilicen. Los intangibles productos básicos de la economía de la información son, pues, condivisibles. No importa cuán avaros y monopolistas sean los líderes de la economía de la información: ésta necesita de la cooperación y del bienestar general para producir y vender una riqueza cuya magnitud se potencia con la riqueza de todos, sin que cuenten los orígenes nacionales y sociales. La inteligencia humana en la que está basada es un recurso no contaminante, inagotable, y desligado de potestades territoriales cuya pérdida de centralidad económica ha puesto fuera de juego el modelo de conflicto de la era industrial: la disputa bélica por un territorio y sus materias primas.
No ha habido guerras entre países desarrollados desde que -allá por los sesenta- los trabajadores intelectuales superaron numéricamente a los manuales en las economías avanzadas. En esos países, las unidades económico-políticas se han extendido pacíficamente debido a las exigencias que generaban las nuevas tecnologías y gracias a las posibilidades que creaban. Todas las estadísticas disponibles señalan que no existen ya estados de bienestar en las naciones organizadas bajo modelos nacionalistas-industrialistas, y destacan también que son los países postindustriales y con mayores índices de intercambio global los que tienen los menores índices de desigualdad del planeta. No es casual: toda economía basada en la inteligencia humana supone un alto nivel educativo y una elevada capacidad de trabajar asociadamente, factores indispensables para la redistribución social de la riqueza.
Exactamente lo contrario sucede con las materias primas y el petróleo. Como en todo modelo basado en la explotación de recursos escasos y agotables, en los países extractivos el proceso económico es del tipo suma-cero: la apropiación por parte de unos excluye la de los otros; lo que inevitablemente lleva a la disputa y excluye toda posible cooperación. La extracción de materias primas está, por razones obvias, fuertemente ligada al territorio, y por lo tanto, es tendencialmente generadora de conflictos por su control y por el predominio geopolítico. Esto conduce directamente a la aparición de núcleos de poder petropolítico surgidos de los acuerdos entre los agentes económicos de las corporaciones extractivas y los agentes políticos ligados al comando del aparato militar. Dado que en toda actividad extractiva la intervención de la población en la generación de la riqueza es escasa y de baja calidad laboral, los niveles de bienestar de la población y su capacidad para trabajar cooperativamente son factores de producción irrelevantes. Así, la riqueza generada se acumula inevitablemente en manos de los propietarios privados de los recursos y de las autoridades públicas que poseen el poder de gestionar el acceso y el control de las concesiones.
Es éste el reino en el que la petropolítica, política de
El mundo de la petropolítica
Donde domina la petropolítica, el conflicto y la exasperación sustituyen al diálogo y al consenso. Así, la sociedad se divide entre un "nosotros" y un "ellos". El territorio y sus virtudes morales son exaltadas y la disputa por su control adquiere valor metafísico. Sin importar el uso que hagan las castas locales de la riqueza extraída, los extranjeros son presentados como una manada ávida de apoderarse de "nuestros" recursos.
Más allá del discurso que se esgrima desde el poder, la petropolítica lleva a que la riqueza se acumule en pocas manos. La democracia tambalea, si es que existía, o nunca surge, allí donde no la había. A pesar de la retórica incendiariamente nacionalista que sirve para encubrir los intereses reales en juego, la unidad nacional se ve frecuentemente desgarrada, abriendo la puerta a un nuevo esquema destructivo: la guerra intra-nacional por el control de los recursos en forma de guerra civil o étnica; tendencia que amenaza trasladarse hoy desde las arenas del África hasta la gasífera Bolivia.
Fundamentalismos de tipo político y religioso predominan en el universo petropolítico. El mundo se divide en amigos incorporados a la red de reproducción del poder existente y enemigos mortales, buenos sólo para ser destruidos.
Las propiedades ambiguas de los recursos naturales en términos de progreso político y social no sólo han tornado obsoleta la teoría de los intercambios desiguales sino que han dado lugar a la tesis de la "maldición de los recursos naturales", bien apuntalada por el hecho de que países con bajísimos recursos per capita (como Japón) han sido capaces de estructurar sociedades ricas e igualitarias, en tanto otros con elevados recursos naturales por habitante (como
El continente en el que el peso de los recursos naturales en la economía es el más alto –África– es el mismo en el que las masacres generalizadas, los genocidios étnicos, las tiranías seculares y la barbarie tribal alentadas por las corporaciones a la búsqueda de los diamantes de Sierra Leona y el petróleo de Sudán se han convertido en la regla. Lo cierto es que mientras el mundo miraba lo que sucedía en Irak, el más extendido drama humanitario, con millones de muertos y cientos de miles de refugiados, expulsados y exiliados, se verificaba en esa África cuyos recursos naturales son la fuente casi exclusiva de riqueza. La tribalización y militarización de las sociedades africanas ha generado un renovado medioevo donde las lanzas y flechas han sido reemplazadas por ametralladoras y kalashnikovs. Tampoco parece casual que Medio Oriente, la región del mundo en la que el petróleo es el recurso económico por excelencia, sea un centro generador de inestabilidad política, terrorismo e inseguridad energética mundiales, para no hablar de los costos que el consumo irracional de combustibles fósiles tiene en términos de contaminación atmosférica y recalentamiento global.
Los líderes petropolíticos
¿Cuántos millones han gastado las compañías petroleras y sus aliados en financiar las campañas que presentaban mundialmente a la energía nuclear como una opción demasiado peligrosa, y a los biocombustibles y el hidrógeno como fuentes de energía buenas para libros de ciencia-ficción pero de escasa aplicación práctica? ¿Cuántos, en demorar y obstaculizar las investigaciones sobre fuentes alternativas? ¿Cuántos, en impedir el desarrollo de organismos de fiscalización democráticos y globales que pudieran, digamos, establecer una tasa mundial a los combustibles fósiles y dirigir esos recursos al financiamiento de la investigación, desarrollo y aplicación de fuentes renovables y no contaminantes?
Conspiración o no, lo cierto es que vivimos hoy en un mundo completamente diferente al del industrialismo de inicios de siglo pero en el que los combustibles fósiles siguen siendo la fuente básica de energía. Significativamente, el único sector en el que la revolución tecnológica no ha cumplido sus promesas, el energético, ha generado un núcleo petropolítico de atraso global de índole preindustrial y patrioteramente nacionalista que en esta última década se ha extendido como un cáncer. Basta mirar el mapamundi: el primer exportador mundial de petróleo es
No es todo. Sintomáticamente, el carácter nacional de las empresas (anacrónica reliquia de los tiempos nacional–industriales) es una característica marcada en el sector petrolero. Tanto Exxon, Chevron, BP y Repsol –del primer mundo– como PDVSA y Petrobrás –del tercero– son corporaciones nacionales. Shell es el máximo infranqueable del cosmopolitismo que han logrado alcanzar las big oil corporations: una compañía binacional. Si esto es poco, cuando se repasa la lista de los productores de petróleo se encuentra en el tercer puesto a los Estados Unidos y en el decimotercero al Reino Unido, naciones cuyas empresas petroleras dominan el mercado mundial y que han liderado la desastrosa invasión de Irak, accediendo así al control de la segunda reserva petrolífera del mundo y generando una suba del precio del petróleo que ha hecho la fortuna del sector petropolítico. ¿Mera casualidad o la demostración de una relación de causa-efecto del que no están exentos los países del mundo avanzado?
La nueva polaridad política global
La petropolítica ha invadido el terreno de las políticas nacionales poniendo al frente de los estados a líderes reaccionarios ligados a poderes corporativos y concepciones nacional-industriales, es decir, antiglobales. No otro es el rol que ha desempeñado en Estados Unidos la dinastía Bush. De los pantanales creados por la petropolítica surgió también la desgracia del que fuera el más prometedor de los líderes del mundo avanzado: Tony Blair.
Cuando se observa que los Estados Unidos son un país escindido en dos mitades (una costera, hiperconectada, cosmopolita, productora de bienes simbólicos, progresista, y en la que ganan casi siempre los demócratas, y una interior, desconectada, nacionalista, productora de bienes primarios, reaccionaria y votante de Bush y los republicanos) no se hace más que comprobar la profecía de Toffler: una lucha mortal por el predominio entre la segunda y la tercera ola. Y como todos las tendencias del mundo moderno, esta tensión entre un industrialismo nacionalista y el mundo postindustrial se ha hecho visible como polaridad política mundial, con los jeques internacionales de la petropolítica enfrentando a una coalición de fuerzas (
En fin, quien piense que
A este preocupante panorama se agregan hoy los planes de "reargentinización" de Repsol-YPF, es decir: el uso del nacionalismo para favorecer un modelo de capitalismo de amigos ligados a las discrecionalidades del poder nacional, lo que garantizará, como siempre, que las ganancias -si las hay- sean privadas y las pérdidas, públicas. En todo caso, más que un paso hacia el futuro la reprivatización de una parte de Repsol-YPF bajo la apariencia de "reargentinización" significaría, previsiblemente, la reafirmación en Sudamérica de un núcleo petropolítico venezolano-argentino aún más autoritario y antirrepublicano que el actual.
* Autor de "Globalizar la democracia".

